Diarios de Coyoacán
- 3 feb 2024
- 4 Min. de lectura
Actualizado: 9 feb 2024
Si bien la Ciudad de México, como gran urbe, puede resultar algo estresante si te mueves en coche, por el trafiquerío, el smoke, los desplazamientos; pasa todo lo contrario cuando eres estudiante o apenas comienzas tu vida laboral y aún te sientes turista y tu mirada curiosa va escudriñando el entorno, los gestos, los pasos de cientos de sombras que suben y bajan escaleras de hierro y vas asimilando, cuando escuchas, otra manera amable y cálida de hablar la lengua viva que nos heredaron nuestros padres.
Cuando no tienes la responsabilidad del adulto moldeado por la sociedad, te mueves en metro y aprovechas ese tiempo perdiéndote en lecturas de libros que casi no recuerdas y cuando lo haces (recordar) parece que fue hace 10 vidas que pasó cuando los 30 o 45 minutos que había de trecho desde Miguel Ángel de Quevedo a Chapultepec se desvanecían devorando libros: Vivir para contarla, La hija del Caníbal, La visión de los vencidos de Miguel León Portilla, El Popol Vuh también conocido como la biblia maya, El llano en llamas de Juan Rulfo, Pedro Páramo, Antología Poética de Jaime Sabines, Soldados de Salamina, Memorias de mis putas tristes, y más que fui perdiendo con mudanzas o viajes de ida y vuelta.

Puente sobre el Paseo del Río, Chimalistac
También estaban los peseros (mini buses que costaban $1 peso en su momento, de ahí su nombre), que los topaba entre Quevedo y Universidad para acudir a mis clases de Maestría de la UNAM en Ortega 14, junto al centro de Coyoacán. Si bien lo mejor y que más disfrutaba eran los paseos desde El Altillo (Av Universidad 1900) por Francisco Sosa hasta las clases de Marketing Político. Todo un recorrido colonial que atravesaba el tiempo por calles de piedra, que si hablarán, contarían en qué consiste la vida misma.
Y cómo “te va cayendo el 20” (te das cuenta en un momento dado) que el concepto de espacio y tiempo se va distorsionando para un chaval de provincias y que ya no es lo mismo y que nada tiene que ver ese espacio y tiempo para alguien que vive en CDMX o Madrid que para quien vive en Pampaneira o Lutry.
El caso es que la Ciudad de México tiene una serie de atractivos que te enamoran. Uno de ellos es el Museo Nacional de Antropología, en el Paseo de la Reforma, junto al Bosque de Chapultepec.
Si llegas paseando por Reforma, un gran monolito en piedra, representando al dios Tláloc (deidad de la lluvia) te da la bienvenida al Museo.

Tláloc, dios del agua y de la lluvia
Aquí un video de 4 minutos del traslado del monolito desde el lugar de su descubrimiento, a 50 km de la Ciudad de México hasta su emplazamiento actual:
Hay que planear al menos medio día de visita al Museo, por su extensión y la calidad de sus exposiciones. Si tienes suerte y llegas por la mañana podrás ver una demostración real de los Voladores de Papantla muy cerca de la puerta principal de acceso. El espectáculo completo durará entre 5 y 10 min si cuentas la preparación de los cordajes y merece mucho la pena.
El Museo Nacional es una de las más grandes joyas de México como país. Sinceramente: una auténtica pasada. Concentra lo más destacado en el ámbito de la antropología y arqueología y con más de 20 salas de exposición permanente.
Las más famosas son:
Sala Mexica: destaca por albergar la famosa Piedra del Sol, también conocida como el Calendario Azteca.

Sala Maya: exhibe importantes piezas de la civilización maya, incluyendo estelas y esculturas.
Sala de las Culturas Indígenas: la tumba de Pakal y todo su ajuar funerario encontrado en el Templo de las Inscripciones de Palenque, Chiapas (esta será otra buena historia de un viaje a Chiapas y Guatemala siguiendo la ruta Maya).

Máscara mortuoria de jade del ahau Pakal “el Grande” en el Museo Nacional de Antropología en la Ciudad de México.
Sala Oaxaca: dedicada a la cultura zapoteca y mixteca, presenta la famosa Tumba 7 de Monte Albán.
Sala del Pueblo Maya: muestra la vida cotidiana y las tradiciones de los mayas contemporáneos.
He visitado el Museo Nacional seguramente más de 10 veces y cada vez que voy descubro algo nuevo o que pasó desapercibido en la visita anterior. El MNA es un museo que hay que vivirlo.
Por cierto, una antigua reivindicación: El Penacho de Moctezuma. Pieza que no está en el Museo Nacional, de hecho se expone en el Museo de Etnología de Viena. Una de las peticiones de México como país es que Austria retorne el Penacho de Moctezuma, que, si pasa algún día, vendría a parar a este Museo. Aunque los expertos austríacos descartaron esa posibilidad ante la debilidad de la pieza en un posible traslado. El penacho es un tocado confeccionado con plumas de diversas aves, destacando las verdes del quetzal y las rojas del tlauhquéchol. Mide aproximadamente 1.30 metros de altura y 1.75 metros de diámetro. Además de las plumas, presenta detalles decorativos de oro, como laminillas, discos y escamas. El penacho es un objeto de gran belleza y significado cultural.

El Museo Nacional en general aborda la diversidad cultural de México desde la época prehispánica hasta la actualidad. Cubre las diferentes culturas indígenas de México, sus prácticas religiosas, arte, arquitectura y aspectos contemporáneos. Una de las piezas que más me sorprende es la representación a escala de Tenochtitlán.
De los sitios imperdibles cuando visitas la Ciudad de México.
Puedes planificar tu comida en el restaurante del Museo y saliendo para la tardeada, un buen plan puede ser acudir a la Cantina Salón Ríos, a 10-15 minutos en Taxi, dependiendo del tráfico (unos $50 pesos el viaje/ 2.5 euros aprox), para degustar la genial gastronomía mexicana y unos tequilas o mezcalitos.
Recorrido en Taxi:
De postre, un video de La Llorona, interpretado por la nueva generación de cantantes mexicanas. En este caso Ángela Aguilar....¡hasta la próxima¡, con ondas de espectro geoestacionario, los quiere y estima:
Fernando




Cada vez me estás dando más ganas de ir