Diarios Nazarís & Tiempos de Pandemia: cuando un amigo confía más en ti que tú mismo
- 28 ene 2024
- 4 Min. de lectura
Actualizado: 29 ene 2024
Cuando tienes un montón de ideas, referencias, anécdotas, historias, lugares o recetas que aterrizar en un blog como este, pareciera como si todas lucharán entre ellas por ser la primera en salir y tu cabeza 🤯.
Pienso que lo mejor será clasificar las entradas sin un orden cronológico establecido, porque jugaré mucho con el flashback. Así que utilizaré alguna referencia que me permita conectar espacios y tiempos. Algo parecido a lo que hacían Goscinny & Uderzo con Astéríx, salvando las distancias. Parece una manera simpática de vincular los tiempos y lugares.

Por ejemplo:
· Diarios de Pandemia para el periodo entre diciembre de 2019 y el presente.
· Diarios Nazarís en todo lo que hable de Granada.
· Diarios de la Pérfida Albión. ¿Te suena?
· Diarios de Helvecia.
· Diarios de Coyoacán para la 1ª etapa en la Ciudad de México.
· Diarios de la Roma (2ª etapa en CDMX) y así hasta llegar a los Diarios Tlahuicas (Morelos). Todo entremezclado temporalmente. ¡No dudo que salgan más diarios¡
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Ahora voy a contaros cuando iba a participar en la III Milla Urbana de las Fiestas del Zaidín del año 1,990. A inicios de septiembre del verano más largo. La primavera anterior había competido con cierto éxito en los campeonatos provinciales de Granada de 3,000 metros lisos y 200 metros vallas, así que era una oportunidad de divertirme, correr, competir y ver cómo estaba después de un largo verano al que aún le quedaban 4 semanas de vacaciones antes de comenzar una nueva etapa de vida en el instituto Mariana Pineda (bachillerato).
Una milla es el equivalente a poco más de 1.5 km, exactamente 1,609.344 metros (o 1,760 yardas).
Mi primera milla, una distancia que no dominaba y un clásico del medio fondo, sobre todo dentro del mundo anglosajón, Inglaterra concretamente. Catorce años antes, en 1976, la IAAF (Asociación Internacional de Federaciones de Atletismo) decidió oficializar todas las carreras con el sistema métrico internacional y fue relevada por los 1,500 metros a partir de ese mismo año. Aunque nunca dejó de formar parte del imaginario colectivo y un claro animador de las pruebas de atletismo populares en fiestas, eventos o conmemoraciones.
El caso es que allí estaba con toda la chavalería entusiasta dispuesta a arrasar con la prueba, en una mañana fresca que anticipaba un día de calor típico de primeros de septiembre. Serían unos 20 o 25 atletas en la categoría infantil.
Trataba de pasar desapercibido mientras proyectaba la estrategia a seguir en la carrera y hacia el calentamiento para matar el gusanillo de los nervios previos a cada competición. No conocía a nadie y nadie me conocía, lo cual era buena señal, por que de esa forma podía pasar discretamente por la prueba desde un lugar cómodo para lanzar un ataque a 500 o 400 metros antes de la meta.
Andaba yo con mis cuitas y buscando ya mi espacio en el lugar de la salida cuando de repente entra en escena Schiaffino sin ninguna intención de correr. Mejor conocido como “Ita”, de Italiano, por su apellido, al que siempre relacioné con el gran Pepe Schiaffino, líder de la selección uruguaya de fútbol, campeona del mundo de 1950 en la famosa final del “Maracanazo” en un estadio repleto de hinchas cariocas, unas 220,000 almas.
Ita era un conocido icono del fútbol sala granadino, famoso por su regate eléctrico en el Real Milán, equipo del Patronato Municipal de Deportes de Granada del primer lustro de los años noventa. Delantero fino, carismático y que se echaba el equipo a la espalda en los momentos difíciles.
Así que esa mañana estival de septiembre y 1 minuto antes de que comenzara la III Milla Urbana, Ita se para frente a la línea de salida, sonrisa socarrona, actitud retadora y mirada sarcástica y sin esperarlo les grita a toda la chavalería ilusionada con el inicio de la carrera: “¡¡Yo que vosotros no corría, por que ese - señalándome a mi- os va a ganar a TODOS!!” Y se fue tan pancho, muerto de la risa y mirándonos con un aire que denotaba seguridad y firmeza ante lo que les había espetado. NO recuerdo si me puse rojo, seguramente algo ruborizado sí. El caso es que destrozó toda mi estrategia de pasar desapercibido y me señaló directamente como el adversario a batir. NO sabía si reírme, llorar o tirarle pesetillas. “¡Maldita sea!”, pensé para mis adentros.
No me quedó otra que tirar para adelante y continuar con mi estrategia. Quizás, si tenía suerte la mayoría pensaría que mi amigo era un fanfarrón o sólo los quería desconcentrar, o nada más era un bromista atípico que no tenía otra cosa que hacer a esa hora de la mañana que dejar perplejos a 24 aspirantes a atletas.
Cuando corría dejaba de pensar, para mí siempre ha sido como una especie de meditación donde me enfocaba en la respiración y el movimiento de las articulaciones y músculos que intervienen en la carrera. Incluso en la actualidad, cuando salgo a correr, es el mismo ritual.
Mientras la carrera avanzaba, seguía con mi plan, que estaba cumpliéndo a pie juntillas. Me situé en mitad del grupo y cuando quedaban 500 metros para el final, lancé un duro ataque y pude alcanzar la meta en primer lugar.

Hace unos meses, aún en tiempos de pandemia, recordé esta experiencia y encontré, que enfrentaba aquella carrera con cierta incertidumbre, sin prever el resultado final. Tampoco me había matado a entrenar en verano, o por lo menos no cómo en invierno o primavera. Lo que sí había preparado era la táctica y la estrategia. Y lo que me dio la inyección de motivación que me faltaba era Schiaffino, aún dejándome en fuera de juego. Él no dudó nunca que iba a ganar la carrera, incluso sin conocer al resto de competidores.
Moraleja: siempre, pasé lo que pasé confía en ti. Puede que haya momentos donde te sientas insegur@ o con baja confianza, da igual, las respuestas las encontrarás en ti. Cuando tu autoestima ande tambaleándose, confía en ti. Y si no, siempre habrá un amig@ cerca para recordarte, como mi amigo Schiaffino, el famosísimo Ita.
Con ondas de espectro geoestacionario, los estima, como siempre.
Fernando





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