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Diarios Tlahuicas: día del amor y la amistad

  • 15 feb 2024
  • 6 Min. de lectura

Actualizado: 17 feb 2024

Me disponía a seguir con la 2ª parte de Oaxaca cuando caí en la cuenta y descubrí que es 14 de Febrero, Día del Amor y la Amistad. Si bien en los últimos años lo he visto adornado de mucha fanfarria y mercadotecnia, pienso que no es mal momento para ilustrar este blog de algunos grandes poetas, escritores, artistas, músicos y trovadores que cantaron (pena honda y recuerdo a los que ya no están entre nosotros) y cantan todavía a esa bella fuerza que mueve el mundo y lucha contra el miedo, el odio, el despropósito y tanta negatividad contenida: EL AMOR.


La suerte o el destino o como dice Louise Hay, que está casi segura de que elegimos a nuestros padres antes de nacer, quiso que yo viniera a este mundo en la histórica ciudad de la Alhambra: Granada, Andalucía, España. Y eso, tuvo un efecto demoledor en mi curiosidad literaria. La misma suerte de crecer en un salón lleno de libros, por eso y por curioso digo yo, que me atrevía a agarrarlos, a husmearlos, a abrirlos a ver qué decían, cómo lo decían y qué transmitían esas palabras que unidas expresaban emociones, sentimientos y contaban historias de amor muchas veces: versos, pareados o cuartetos. Por ahí fue que descubrí a los grandes de la literatura española. Por eso y porque en la escuela tenías un programa y en mi caso maestras que honraban la educación y transmitían una pasión infinita por su trabajo. Así que la suerte o el lujo fue al menos entender el idioma de mi tierra mejor que un ruso o un holandés errante. Y claro la herencia era larga, extensa, pródiga, cautivadora y continua:


Por eso amé los versos de Cervantes, la prosa de Pío Baroja o la Canción del Pirata de Espronceda. Por ahí caí rendido ante la poesía de Machado, cuya tumba hallé cargada de notas, cartas, flores y ramos. Y justo este 22 de febrero se cumplen 86 años de su muerte por pena y desaliento en una pensión de Collioure. Como granadino errante, no podía faltar Federico, cuyos poemas casi memorizas desde bebé. Con las Golondrinas de Bécquer pasas a otra dimensión del amor y luego aterrizas en la sobriedad de Carmen Martín Gaite.  O Juan Ramón Jiménez, uno de nuestros nobeles de literatura, del que aprendes la belleza de los pequeños detalles y conoces a un burrito, Platero, que te acompañará por el resto de la vida. Y aquellos desconocidos que dejan obras inmortales como el Cantar del Mio Cid. O como te emocionas leyendo Los Santos Inocentes y casi puedes tocar y querer a la Milana o Cinco Horas con Mario de Miguel Delibes, autor de La sombra del ciprés es alargada. Y Rosalía de Castro: "Unha vez tiven un cravo cravado no corazón, i eu non me acordo xa se era aquel cravo de ouro, de ferro ou de amor"


Os dejo el Romancero Gitano de Lorca, el Romance sonámbulo es de otro planeta, páginas 9,10 y 11:


Son tantos, que no caben en un pequeño blog como este (San Juan de la Cruz, Santa Teresa de Jesús, Alfonso X el Sabio, Unamuno, Benito Pérez Galdós, Camilo José Cela con La Familia de Pascual Duarte o La Colmena.  Sería otro verano, seguramente en el 94 cuando comencé a leer a Gabriel García Márquez con Crónica de una muerte anunciada, que me impactó y voló la cabeza literalmente y me adentre a disfrutar de aquello que los eruditos llamaron el realismo mágico. Y en el verano del 95 me crucé con Cien años de soledad y después no paré. Y sería en segundo año de carrera cuando le sustraje a mi padre, con una promesa de retorno que nunca cumplí, un cassete con una especie de poema de Julio Cortázar. La realidad es que no tuve la diligencia suficiente para recuperarlo y seguro acabó en Tenerife, en manos de un colega gañán al que se lo presté con la misma promesa de retorno incumplido. Desde 1997/98 andaba detrás de Rayuela. Y por fin cumplí el sueño en un verano tropical tlahuica, soñando las historias de Horacio y La Maga, viviendo un dilema existencial entre París y Buenos Aires. Et voilá que nuevamente encontré ese poema perdido y hallado en el capítulo 7 que aquí reproduzco y que vale casi por la mitad de Rayuela (nada, una pequeña hipérbole):


Capítulo 7 de Rayuela, voz de Julio Cortázar. 2' min


Y como sin querer cumples tus sueños o los atraes: como cuando en un restaurante, cerca de CU (Ciudad Universitaria) en la CDMX, almorzaba en la mesa contigua de García Márquez. O aquel día que acudí a recoger a la madre de una amiga al aeropuerto de la misma ciudad y pude saludar a dos grandes: Luis Eduardo Aute y Compay Segundo. ¡No me lo podría creer! Con apenas 20 minutos de diferencia. A Aute me lo topé de frente cuando vino a México por Febrero/Marzo de 2003 para una serie de conciertos en varias ciudades, y a pesar de los 3 o 4 periodistas pegajosos le choqué la mano y le dije: “¡Hombre Eduardo, suerte maestro!Sueño cumplido. Y agradeciendo marchó con su cigarrillo en la boca, quizás hacia Tepoztlán...a Cinco Minutos. Así, a Compay, que estaba sólo le solté con sorpresa un: “No hombre, qué suerte tengo, en la misma tarde usted y Eduardo”, “¿Qué Eduardo?” me preguntó. “Aute”, “¡Ahh, caray!” Tenía una mirada pícara ese Compay, resabido de la vida sin una pizca de soberbia o arrogancia, tanto amor y música. Y cómo esas alegrías musicales, esos cantos, poesías y letras amorosas se convierten en pérdida…Sería Julio del mismo año cuando me sorprendí con la tristeza de la noticia de su fallecimiento en La Habana, a los 95 años. Aún recuerdo que dejé un pensamiento de alegría por los últimos 6 años de su vida que pasó divirtiéndose, tocando su música tradicional cubana y viajando con sus colegas de Buena Vista Social Club. Un tipazo. Mis amigos franceses, Guillaume y Cecile lo adoraban.


La tristeza de la noticia de la muerte de Aute me llegó al inicio de la pandemia, por abril de 2020. El mundo se derrumbaba y se caía un mito. Andaba escuchando un programa de radio deportivo de España que curiosamente no decía nada de deportes porque todo había parado y fue un todo un golpe, de esas noticias que no quieres que sucedan, que no te las crees, mejor no escucharla…el caso es que hasta le escribí una carta de despedida, lo menos que podía hacer. Quien sabe, igual algún día me atrevo a subirla aquí, no lo sé, ¡puede que hasta la autocensure!


Aquí dejo una canción que me acompañó desde mil novecientos noventa y tantos y seguimos hablando de amor: Sin tu latido



Y claro, no olvidemos damas y caballeros, el amor perdido: Black de Pearl Jam con un jovencísimo Eddie Vedder, y su sentimiento de dolor de pérdida en esta soberbia actuación, a pesar de ser un acústico:



Más de amor: son incontables las canciones que me encantan de David Bowie, por aquí dejo Wild is the wind, muy recomendable para días como hoy. La interpretación de Bowie fue aclamada por su emotividad y profundidad emocional en su momento. Se elogió su capacidad para transmitir una intensa sensación de PASIÓN y vulnerabilidad a través de su voz, así como su habilidad para conectar con la audiencia a un nivel emocional profundo:



Luego la vida te va regalando pequeñas sorpresas y una de ellas cayó hace 2 semanas, en forma de canción desconocida (¡qué herejía) del trovador Cubano Silvio Rodríguez, al que sí pude ver en directo en la Plaza del Zócalo (la más grande de Hispanoamérica) en la Ciudad de México, durante la época de lluvias hace unos ayeres:



Ángel para un final, el 30 de mayo de 2015 en Villa Lugano, Buenos Aires:



Para terminar, un poema de aquellos años de mi juventud, cuando dejar atrás padres y patria es sentirse más libre para siempre. Con ustedes Jaime Gil de Biedma. ¡¡Espero que hayáis tenido un lindo día del AMOR y la AMISTAD!!. Con ondas de espectro geoestacionario, los quiere y estima: Fernando


París, Postal del cielo


Ahora, voy a contaros

cómo también yo estuve en París, y fui dichoso.

Era en los buenos años de mi juventud,

los años de abundancia

del corazón, cuando dejar atrás padres y patria

es sentirse más libre para siempre, y fue

en verano, aquel verano

de la huelga y las primeras canciones de Brassens,

y de la hermosa historia

de casi amor.

Aún vive en mi memoria aquella noche,

recién llegado. Todavía contemplo,

bajo el Pont Saint Michel, de la mano, en silencio,

la gran luna de agosto suspensa entre las torres

de Notre-Dame, y azul

de un imposible el río tantas veces soñado

It’s too romantic, como tú me dijiste

al retirar los labios.

¿En qué sitio perdido

de tu país, en qué rincón de Norteamérica

y en el cuarto de quién, a las horas más feas,

cuando sueñes morir no te importa en qué brazos,

te llegará, lo mismo

que ahora a mí me llega, ese calor de gentes

y la luz de aquel cielo rumoroso

tranquilo, sobre el Sena?

Como sueño vivido hace ya mucho tiempo,

como aquella canción

de entonces, así vuelve al corazón,

en un instante, en una intensidad, la historia

de nuestro amor,

confundiendo los días y sus noches,

los momentos felices,

los reproches

y aquel viaje -camino de la cama-

en un vagón del Metro Étoile-Nation.

 
 
 

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